Reseña de la participación salvadoreña

30 años de Los Ángeles 1984

Una reflexión de la participación de los atletas salvadoreños en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, cuyos sacrificios podrían tener vigencia incluso hoy en día

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18:56

Salieron con sus ilusiones particulares y con historias propias de un país sin recursos para ofrecer una preparación acorde a la cita. La delegación de diez atletas salvadoreños que participaron en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 viajaron en avión, pero fueron impulsados por su determinación. Por sus sueños. Viajaban desde un país en guerra, con infraestructura deportiva en mínimos. El Salvador competía por primera vez en 12 años en una cita olímpica. En 1976, el gobierno de Arturo Armando Molina inventó una excusa política para no asistir a Montreal, cuatro años más tarde El Salvador no atendió la invitación a participar de los Juegos en Moscú.
El decreto 300 de la Junta Revolucionaria de Gobierno creó el INDES en 1980. Su posterior relación con el deporte olímpico fue considerada por el Comité Olímpico Internacional como intervención del Estado en los asuntos del deporte. Una compleja combinación de eventos derivó en el desconocimiento internacional del COES a partir de 1981. Tras un largo proceso de reconstrucción de las relaciones, el COI reinstaló al COES en la familia olímpica y lo hicieron justo a tiempo para que El Salvador sea invitado a participar en los Juegos de 1984.  
La participación, sin embargo, no era una certeza. El COES carecía de los 65 mil dólares que costaría enviar una delegación con los mínimos recursos para competir. La tensión de la Guerra Fría llevó a la Unión Soviética a boicotear en bloque aquellos Juegos. El Salvador vivía las atrocidades de su propia guerra civil, cuyos bandos habían establecido vínculos evidentes con sus aliados internacionales. El Presidente del COES de aquel entonces aprovechó esta situación política nacional y su contexto internacional a favor de la participación deportiva. Presionó a las autoridades del gobierno diciendo que no asistir a Los Ángeles sería visto internacionalmente como “un apoyo a Rusia y su infundado boicot a los Olímpicos”.
El COES acusó incluso al gobierno de otorgar atención al deporte “y a la juventud salvadoreña”. El Arq. Valerio Montes, entonces presidente del COES, diría a fines de mayo de 1984 que no tenía respuesta alguna de los gobernantes salvadoreños a la solicitud de apoyo económico. Fue a mediados de junio de 1984, a un mes de la inauguración de los Juegos, que El Salvador garantizó la participación en los Olímpicos de cinco deportistas. La asistencia económica del COI, de Embotelladora Salvadoreña e Industrias La Constancia lo hacían posible.
Juan Carlos Vargas (judo), Jorge Juárez (lucha), Julio González Suvillaga (tiro), Salvador Salguero (natación) y Aldo Salandra (atletismo) contarían con estos recursos para viajar a Los Ángeles. Otros siete atletas fueron designados por sus federaciones para participar, pero lo tendrían que hacer con fondos propios o patrocinios. Una nota oficial firmada por el presidente del COES confirmaba que los interesados en participar tendrían que depositar en el COES 1,702 colones del costo del boleto aéreo y los 740 dólares del hospedaje y la alimentación en la Villa Olímpica en Los Ángeles. Así, atletas como Kriscia Lorena García fueron apoyados por la empresa privada. Los Laboratorios Ferson, en su caso. Juan Roberto Miranda (natación) fue patrocinado por el Colegio San Francisco, del cual era alumno.
Gustavo Manzur reemplazaría a Juárez en lucha. En un hecho tan común del deporte nacional de aquella época, el presidente de la federación de ese deporte había “sugerido” a Juárez en contra de la designación de la comisión técnica y a pesar de que Juárez no había tenido actividad dentro de su deporte durante los últimos ¡5 años!. Luis Campos, en marcha atlética; y René López, en 400 metros, acompañarían a Salandra y Kriscia Lorena en el atletismo. Miranda, en natación; y Fredy Torres, por quien la federación de judo realizó múltiples actividades para recaudar fondos, completarían el equipo olímpico de aquellos Juegos.  
“Los Olímpicos superan la trágica imagen que de El Salvador se tiene en la opinión pública”, decía el presentador Peter Jennings en la transmisión de la ceremonia inaugural de la cadena de televisión ABC de Estados Unidos mientras Kriscia García entraba al Coliseo de Los Ángeles portando la bandera nacional vistiendo saco azul oscuro y una falda gris. Con pasos cortos y su mirada perdida en las tribunas de aquella majestuosa tarde. “Un triste país, en muchas maneras”, le respondía el periodista Jim McKay. Para satisfacer el paladar de algunos pesimistas que preferían que El Salvador no viajara a los Juegos, aquella delegación no tuvo mayor trascendencia en los Juegos, de su participación ya hablaremos en otra oportunidad, lo que es obligado recalcar es que en el 30 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles el deporte de El Salvador sigue triste, en muchas maneras.
No cambian las condiciones de un deporte sin los recursos necesarios para ser un pilar de formación en la educación de los niños y jóvenes salvadoreños. Mas aún, no es parte fundamental de la cultura nacional por mucho que se considere lo contrario. Las actividades de esparcimiento paralelas al deporte pueden serlo, pero cultura deportiva como tal no existe. Es un lugar por donde comenzar a corregir los males que parecen permanentes acompañantes de los deportes y, más importante, de los deportistas nacionales. 30 años después, las historias de sacrificio para apenas participar en unos Olímpicos que podrían contar aquellos que fueron a Los Ángeles pueden ser historias válidas, aún para hoy en día.

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